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¿Crees El Concepto de Compasión? ¡Ahora a Practicarla!

“LOS QUE SOMOS FUERTES DEBEMOS SOPORTAR LAS FLAQUEZAS DE LOS DÉBILES…” (Romanos 15:1)

Un joven que se suicidó dejó esta nota: “Mamá y papá, nunca llegué a ser una verdadera persona, y no puedo aguantar esta vida falsa y vacía que he creado, sin ningún contacto con la familia o con amigos… Toda mi vida he estado aislado. Soy una bomba de frustración… será mejor que la desactive sin causar daño a nadie ahora mismo. Incineradme simplemente como “John Doe”. Las autoridades nunca lo identificaron y su cuerpo jamás fue reclamado. Solamente en los Estados Unidos alguien trata de matarse cada minuto, y cada día setenta de ellos lo consiguen. Para los que luchan contra la soledad, la inseguridad, la desesperación y el perfeccionismo inalcanzable es la última forma de auto-rechazo. Y esto ocurre en todos los niveles de la sociedad: madres jóvenes, hombres de negocio, profesores de colegio, jubilados, e incluso pastores que parecen tenerlo todo muy claro. Lo que aun es más triste es que estas personas “gritan” por ser rescatadas. Ellos dejan pistas, como:

(1)  Hablando del suicidio.

(2)  Cambiando a menudo de personalidad.

(3)  Depresión.

(4)  Insomnio, pérdida de peso drástico y fatiga constante.

(5)  Evidentes intentos de suicidio.

 

Muchos han experimentado la muerte de un ser querido, el divorcio, el paro o la enfermedad y ven el suicidio como la única salida de su dolor.

Dios nos dice: “Los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles…” (Romanos15:1). A menudo, todo lo que hace falta es alguien que quiere escuchar y prestar un hombro para poder apoyarse en él; ¡no es la ciencia del espacio! Si no estás dispuesto a involucrarte porque tienes miedo que no eres competente, consigue la ayuda de un amigo consejero, un pastor o un teléfono rojo para prevenir el suicidio. ¡Haz algo! Recuerda, mientras has leído esto, varias personas se han quitada la vida…

“…EL QUE… VE A SU HERMANO TENER NECESIDAD Y CIERRA CONTRA ÉL SU CORAZÓN, ¿CÓMO “MORARA EL..”AMOR DE DIOS EN ÉL?” (1 Juan 3:17)

Eleanor Bradley estaba haciendo compras en la ciudad de Nueva York cuando se cayó y se rompió una pierna. Durante cuarenta minutos pidió ayuda antes de que un taxista parara y se la llevara a un hospital. Una noche, Kitty Genovese fue asesinada en la calle bajo las miradas de treinta y nueve personas observándolo todo desde sus ventanas. Andrew Morille fue repetidamente apuñalado en el metro mientras que once pasajeros lo contemplaron. ¿Qué es lo que hace falta para lograr que nos involucremos? Los expertos dicen que primero debemos comprender que algo está muy mal, que es una emergencia y que es preciso que actuemos. Pero esto requiere que nos identifiquemos con el sufrimiento de la gente, que olvidemos nuestro orgullo y que estemos dispuestos a hacer todo lo que podamos para ayudar. Santiago dijo que cuando alguien está herido y lo único que podamos decir es: “`(Id) [Vete] en paz, (calentaos y saciaos) [caliéntate y sáciate]’, pero no (les dais) [le das] las cosas que son necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha?” (Santiago 2:16). Juan va aun un poco más lejos: “…el que… ve a su hermano tener necesidad y cierra contra él su corazón, ¿cómo morara el amor de Dios en él?” (1 Juan 3:17). ¡Buena pregunta! Una cosa es estar de acuerdo con el concepto `compasión’ desde la seguridad que ofrece un asiento en la iglesia; otra muy distinta es “subirte las mangas”, meterte de lleno en el asunto y arriesgar la vergüenza de equivocarte. Pero esto es lo que los “buenos samaritanos” hacen; es lo que Jesús enseñó.

 

Es posible que si pides a Dios que te ponga hoy en contacto con alguien que necesita tu ayuda, Él lo haga. La cuestión es: ¿cómo responderás?